ANA VÁSQUEZ

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Breves apuntes sobre la Teoría de Género (Primera Parte)

Aprovecho este espacio el día de hoy, para hacer algunas precisiones sobre la historia y bases teóricas del feminismo, porque no se puede defender aquello que no se conoce bien. Todavía encuentro a personas que piensan que el feminismo es una ideología surgida en los años sesentas y a otras aún más renuentes que lo ven como una moda, cuando es un marco teórico y conceptual con más de tres siglos de historia que entraña diversos enfoques, tan diversos como podemos serlo las mujeres y las realidades en las que nos desarrollamos, pero con un acuerdo clave que retomo de una entrevista hecha a la filósofa feminista Celia Amorós: La vindicación de lo genéricamente humano.

Les comparto algunos apuntes de una publicación del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM), “Aproximaciones a la Teoría Crítica del Feminismo”, escrito por la teórica Rosa Cobo Bedía, que nos permite profundizar en la historia del feminismo, sus conceptos básicos y principales exponentes. Lo primero que nos dice la autora, es que las sociedades están organizadas a partir de determinadas lógicas sociales de dominio, y que la categoría de género opera como una estructura de poder, de igual forma que la clase en el marxismo, la raza o la cultura; “el feminismo se ha configurado como un marco de interpretación de la realidad que visibiliza el género como una estructura de poder”.
El concepto de género es atribuido a la antropóloga feminista Gayle Rubin, quien pone de manifiesto los mecanismos que crean y reproducen la subordinación, discriminación y opresión de las mujeres en cada sociedad, como aquellos preceptos que se cargan a las mujeres como el hecho de que la maternidad, los cuidados, el trabajo doméstico, y la ausencia de poder sean vistos como características constitutivas del género femenino; obligando a las mujeres a encajar en moldes que le han sido impuestos.
Otro concepto básico es el de Patriarcado. Acuñado por Kate Millet en su obra Política Sexual, lo define como una construcción social, cuyo rasgo más significativo es su universalidad, ya que ha logrado trascender religiones, condiciones geográficas, socioeconómicas, lenguas y culturas; donde el control de los recursos económicos, políticos, culturales, de autoridad o de autonomía personal, entre otros, están en manos masculinas.

Seguramente algunos se sorprenderán, pero la primera ola del feminismo es anterior a la propia revolución francesa, en el seno mismo de la ilustración. Es más, Celia Amorós sostiene que el feminismo surge como una radicalización de la ilustración, que pide que la misma igualdad y libertad que los hombres exigían, fuese aplicada también para ellas. Así en el año 1673, François Poullain de la Barre, publicó De l´égalité des sexes, donde sostenía que la subordinación de las mujeres no tenía su origen en la naturaleza sino en la sociedad. Un siglo más tarde, las mujeres de la Revolución Francesa se articularon políticamente para reclamar los derechos de ciudadanía que ya poseían los varones. En 1792, Mary Wollstonecraft publicó en Inglaterra un manifiesto verdaderamente revolucionario: Vindicación de los Derechos de la Mujer; donde denunciaba que la sujeción de las mujeres no era el resultado de una naturaleza inferior a la masculina sino de prejuicios y tradiciones. Wollstonecraft, fundamenta a partir de los grandes argumentos ilustrados, la igualdad entre hombres y mujeres y la exigencia de una sola y única educación para ambos sexos al tiempo que se ponen en cuestión los prejuicios que justifican la inferioridad de las mujeres. Tras estas obras se encuentran los principios éticos y políticos del feminismo de la igualdad.

La segunda ola feminista se desarrolló sobre todo en Estados Unidos e Inglaterra, y es conocida también como el Movimiento Sufragista. En 1848, mujeres y algunos hombres, representantes de movimientos y asociaciones sociales liberales en Estados Unidos, se reunieron para analizar la situación de las mujeres norteamericanas, de donde surgió la llamada Declaración de Seneca Falls, un documento que, redactado de la misma forma que la Declaración de Virginia de 1776, reclamaba los mismos derechos de ciudadanía para las mujeres. Dos hechos que precedieron a la formación de este movimiento: el segundo gran despertar, un movimiento de renacimiento religioso que hizo posible que las mujeres tomasen la palabra públicamente en las comunidades religiosas; el segundo, aquellas mujeres sufragistas habían ejercido el activismo junto a los varones negros en su lucha por el voto. Ambos acontecimientos dieron voz y alas a mujeres que luchando por causas ajenas, pudieron desarrollarse como activistas para posteriormente luchar por sus derechos.

El sufragismo no solo luchaba por el derecho al voto, sino también el derecho a la propiedad, a la educación, el acceso a las profesiones o a la libertad para organizarse y hablar en público. De los principales defensores en Inglaterra de este movimiento, fueron el economista John Stuart Mill, conocido por la teoría utilitarista, y Harriet Taylor, quien fuera su esposa veinte años después de mantener una estrecha relación de complicidad intelectual, amistad y pasión; ellos sentaron algunas de las bases del movimiento sufragista con el libro La sujeción de la mujer. Cuando Elizabeth Cady Stanton, una de las principales activistas norteamericanas y redactora de la Declaración de Seneca Falls, leyó aquella obra, escribió una carta a Mill en agradecimiento: “Terminé el libro con una paz y una alegría que nunca antes había sentido. Se trata, en efecto, de la primera respuesta de un hombre que se muestra capaz de ver y sentir todos los sutiles matices y grados de los agravios hechos a la mujer, y el núcleo de su debilidad y degradación”. Como diputado en la Cámara de los Comunes, John Mill luchó por cambiar la palabra “hombre” por “persona” en la reforma electoral que se discutía, llevando así el reclamo de cientos de miles de mujeres.

El movimiento sufragista finaliza con la Primera Guerra Mundial y a partir de ese momento, el derecho al voto comienza a ser una realidad en algunas sociedades. El éxito del movimiento sufragista ha hecho posible la dinámica social de nuestra época, con logros como el derecho a la educación, al ejercicio de diversas profesiones, a la propiedad o al divorcio, entre otros, de los que hoy gozamos millones de mujeres, pese a la persistencia de desigualdades que ya no son norma.

En la siguiente entrega abordaremos la tercera ola del feminismo y sus principales enfoques, si les interesa ahondar en esta lectura básica para entender el feminismo y la teoría de género, pueden descargarla en https://www.cladem.org/es/publicaciones/regionales/101-feminismo/496-aproximaciones-a-la-teoria-critica-del-feminismo

Seguramente se seguirán sorprendiendo y develando mitos alrededor de esta teoría que, tres siglos después, continúa cambiando el mundo.

giovanni