ANA VÁSQUEZ

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Mujer y Poder

Ana Isabel Vásquez Colmenares

 

En nuestros días, no tiene nada de extraordinario escuchar hablar de participación política de las mujeres, e incluso comenzamos saborear las mieles de la paridad legislativa. Sin embargo, la historia de la civilización occidental nos da cuenta de lo intrincado de la relación poder-género, tomando en cuenta que las relaciones de género, esencialmente han sido relaciones de poder.

Es un tema amplio, interesante como cultura general y muy importante para entender los patrones de conducta que hasta la fecha prevalecen. Al respecto, hoy quiero comentarles el libro “Mujer y Poder” de la académica británica Mary Beard, galardonada con el Premio Príncipe de Asturias en 2016.

Es una publicación muy amena, con ejemplos históricos encontrados en los relatos de los clásicos griegos y romanos, ilustrada con obras de importantes artistas como Picasso y David Teniers, así con fotografías e ilustraciones emblemáticas que ejemplifican los episodios históricos referidos por Mary Beard. Desde su prefacio, el libro atrapa con una aseveración tan provocativa como cierta: “en lo relativo a silenciar a las mujeres, la civilización occidental lleva miles de años de práctica”.

Al inicio narra el episodio en el que Telémaco, hijo de Penélope y Ulises, siendo aún muy joven calla a su madre en una fiesta y la manda dentro de la casa a hacer “sus labores”, como una de las primeras evidencias escritas de la cultura occidental donde se prueba el acallamiento público de las mujeres, mientras el discurso público es reservado para los hombres como prueba de virilidad.

La autora nos cuenta que en el mundo clásico sólo era permisibles las intervenciones públicas de las mujeres en dos ocasiones: la primera, en calidad de víctimas, una vez que fueron ultrajadas, violadas, casi en el preámbulo de su muerte; solo así se ganaban el derecho a expresarse. La otra, para defender intereses de un grupo de mujeres, más nunca en nombre de la comunidad ni mucho menos de los hombres.

Este acallamiento en los asuntos públicos nos muestra el trasfondo de fotografías como la de aquel panel de “Uniendo esfuerzos por la lactancia materna”, ocurrido en México en recientes fechas, dónde aun cuando se abordan políticas en favor de las mujeres ellas no están invitadas a la mesa de la toma de decisiones.

Ya sea en la escuela, en el trabajo o en una tribuna, se nos acusa de estridentes, de quejosas, o de altivas cuando defendemos nuestros puntos de vista. Sin embargo, el objetivo 5 de la Agenda 2030, sostiene que el empoderamiento de las mujeres no sólo es justo sino necesario para el desarrollo de los países.

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, sostiene que cuando las mujeres ocupamos cargos públicos somos quienes invertimos más en políticas sociales que generen desarrollo, invertimos en el mejoramiento de espacios públicos para las familias y tomamos medidas que ayuden a otras mujeres a lograr su autonomía como el establecimiento de guarderías, mientras que los hombres tienden a privilegiar la inversión en obra pública. También somos quienes entregamos mejores resultados a nuestros representados y somos quienes ejercemos los recursos con mayor responsabilidad.

La exclusión de lo femenino en lo público, su ridiculización e incluso la violencia con la que muchas veces se inhibe, explica por qué una Hillary Clinton, una Beatriz Paredes ó una Angela Merkel han desarrollado recursos masculinos para poder hacerse escuchar. “No hay ninguna razón para considerar que las voces graves estén más acreditadas que las agudas”, nos dice Mary Beard.

En tiempos de Twitter y Facebook, que son plataformas de opinión accesibles a todas y todos, la autora observa cómo los hombres atacan de manera más degradante y violenta, y sobre todo a las mujeres, cuándo éstas hacen lo que todos: opinar.

Luego del análisis hecho por Mary Beard, donde muestra los cimientos de la misoginia desde la época clásica, concluye que “si las estructuras están codificadas como masculinas, entonces hay que cambiarlas”. Esto lo dice una mujer británica, originaria de un país que ha tenido Reinas que han ejercido plenamente el poder como la Reina Victoria, las Reina Isabel I e Isabel II, y que en su historia moderna ha tenido a dos mujeres como Primera Ministra. Así que tal como lo señalan las teóricas feministas, la discriminación por género es universal, y un gran paso que todas podemos dar para hacerle frente es atrevernos a pensar por nosotras mismas, a hacer uso de nuestra voz públicamente y mostrar respeto por las congéneres que también lo hagan.

 

 

giovanni