ANA VÁSQUEZ

Ver Perfil

Las Mujeres en la Caravana Migrante

Esta semana se posicionó en el centro de la discusión continental la travesía de la caravana migrante, conformada por más de siete mil personas provenientes de Honduras y El Salvador que cruzan la frontera sur de nuestro país. Aunque la migración del sur al norte no es novedad, sí lo es la sobredimensión que presenta el fenómeno en un contexto geopolítico poco empático, considerando la política de “tolerancia cero” impulsada desde la administración Trump, que sorprendentemente ha ido ganando adeptos latinoamericanos.

México es una nación con una historia emblemática en el tema como país expulsor, receptor, de paso y retorno de migrantes; por ello sabemos que quienes emigran lo hacen como última salida ante un panorama desolador. El triángulo norte centroamericano (integrado por Guatemala, Honduras y El Salvador) es conocido por ser una de las zonas más violentas del mundo, a pesar de que no se encuentra en un proceso de guerra. Aunado a ello, la falta de oportunidades económicas hace que miles de familias tomen la decisión de dejar atrás su tierra en busca de una segunda oportunidad.

El papel del Estado mexicano desde luego no es sencillo, pues debe tratar de conciliar, por un lado, la presión anti-migratoria de nuestro mayor socio comercial, amenazando con cerrar la frontera norte, y de un sector de la sociedad mexicana que ve en los migrantes un peligro, un problema, o una molestia. Y por el otro, la congruente solidaridad que la mayoría de las y los mexicanos reclama para pueblos que, como el nuestro, migran hacia el norte en la búsqueda de un mejor porvenir.

Y en medio de este complejo entramado se encuentran las miles de mujeres migrantes y las situaciones de violencia que viven en su paso por México. Las cifras son escalofriantes: se calcula que 7 de cada 10 mujeres son violadas en su paso por nuestro país y 9 de cada 10 son acosadas. Aun así, vemos a muchas mujeres con niñas y niños centroamericanos, resistiendo las inclemencias de la caravana, desesperadas por llegar a Estados Unidos, o solicitando asilo en México.

Esta caravana se suma a otras que han ocurrido en los últimos años, que cada vez reúnen a más gente y que se está convirtiendo en un problema humanitario que ni México ni Estado Unidos saben cómo resolver. Es claro que para nuestro país no es sostenible acoger a un número indeterminado de inmigrantes: tan sólo esta semana se recibieron 1,700 solicitudes de refugio, especialmente de niñas, niños, adolescentes y mujeres.

Ante este escenario, las personas expertas en materia de Derechos Humanos consideran que deben permear en la política migratoria mexicana: 1) Garantizar los derechos humanos de las personas migrantes; es decir, protegerles del crimen organizado y darles un refugio temporal digno, para que luego puedan retornar ordenadamente a sus países.

2) Esta garantía a los Derechos Humanos, debe poner un énfasis especial en tomar medidas de protección especiales para niñas, niños y mujeres. En su mayoría, ellas vienen huyendo de toda clase de violencia de género, tanto en sus casas (la violencia doméstica es el segundo delito más denunciado en Honduras) como en la calle, y nuestro país no debe ser un lugar de tránsito terrorífico.

Finalmente, otro aspecto de este fenómeno social que me gustaría comentar fue la aparición esta semana de la Caravana de Madres Centroamericanas. Ellas son 30 mujeres valientes, que ante el dolor de tener a algún familiar desaparecido, desde hace 14 años vienen a México buscándoles; este año recorrerán 12 estados. La Caravana de Madres llegó a darles palabras de aliento a los migrantes, y para alzar la voz por ellas y ellos, exigiendo que no haya más desapariciones. Esas mujeres, que podrían considerarse víctimas, no dejan de solidarizarse, como tampoco lo hacen los cientos de mexicanas que han salido a alimentar a la caravana, siguiendo el ejemplo de Las Patronas, que desde hace dos décadas han asistido a las y los pasajeros de La Bestia.

Tradicionalmente, la migración “era cosa de hombres”. Hoy vemos que en el fenómeno mismo como en sus soluciones, las mujeres estamos desempeñando un papel relevante, por lo que tanto México como Estados Unidos, deberán tener en cuenta una política migratoria con perspectiva de género que las proteja de todo abuso y de cualquier forma de violencia, porque ante todo es un asunto de Derechos Humanos.

giovanni