ANA VÁSQUEZ

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Entender la violencia y el amor desde la Mixteca

 

La semana pasada tuve el gusto de asistir a la reinauguración de la Instancia Municipal de la Mujer en Santa María Yucuhiti, Tlaxiaco; y me llevé una grata sorpresa, pues además de que siempre es alentador reflexionar acerca de la igualdad en los municipios lejanos, me emocionó conocer a Amelia López García, la joven titular de la instancia que con tan sólo 22 años, lidera el proyecto de investigación que este año representa a Oaxaca en la convocatoria de “Estímulos para el Desarrollo de Proyectos de Investigación Sobre Procuración  de Justicia, Seguridad, Salud y Derechos Humanos en Lenguas Indígenas”, organizada por el INALI y la CNDH.

Es una propuesta sumamente interesante, que más allá de juicios categóricos profundiza en las raíces de la violencia en las comunidades de la mixteca, tomando como referencia Santa María Yucuhiti, uno de los cuarenta municipios con Alerta de Violencia de Género en Oaxaca. Su proyecto titulado “Los lazos afectivos en la Mixteca ¿Cómo se dicen?”, plantea como  rasgo cultural los débiles lazos afectivos en las familias mixtecas, lo cual, a la larga afecta la seguridad, salud y derechos humanos de las personas, particularmente de las mujeres.

Me cuenta Amelia que la idea surgió cuando su amiga,  la psicóloga Selene Chávez, le preguntó ¿cómo se dice Amor en mixteco? Amelia no supo qué responder en automático, sin embargo se puso a investigar y de la respuesta surgió la tesis central de lo que ahora es un proyecto  a nivel psicológico, pedagógico, sociológico y lingüístico, coordinado por Amelia junto a Selene Chávez, Sonia García y Cuitláhuac Santiago.

Tal como lo exponen en su investigación, resulta que en el diccionario del idioma mixteco (2008) de Gabriel Caballero Morales se traduce la palabra amor con estas palabras kuu vili ini “hace bonito corazón”. Buscando la variante de Santa María Yucuhiti en el mismo ejemplar, lo encontramos como kuu vii ini, que literalmente significa “Siento bonito por dentro” pero de acuerdo a esta significancia se considera que no es la manera más correcta de adjudicarlo como amor, ya que se puede sentir bonito por algo o alguien y no precisamente porque hay amor.

Por otra parte, también citan la revista de la Organización de Testigos de Jehová “Buenas noticias por parte de Dios” tu`un va`a ja taji yandios que traduce la palabra amor con dos acepciones: kun da´vi “agradecimiento”, kutoo “Deseo”, cada uno traduciéndose de acuerdo al contexto en el que se utiliza la palabra amor, pero que de igual manera no hacen referencia al sentimiento profundo de AMOR.

Esto explica por qué la experiencia psicoterapéutica de Selene con personas originarias de la mixteca a lo largo de siete años, arrojó que el 90% de las personas atendidas presentan lazos afectivos nulos o limitados con sus madres y demás familia, argumentando que en su niñez solo los ponían a trabajar, y recordando castigos y situaciones de violencia y abandono. A partir de esto, las autoras explican por qué entre las familias y las parejas en Yucuhiti no hay muestras de amor afectivas, y que esto deriva en un desarrollo humano insuficiente que se traduce en inseguridad, violencia, neurosis y otras patologías psicológicas, que en lo colectivo genera un entorno poco propicio para hacer valer los derechos humanos.

Erich Fromm expuso ampliamente en el “Arte de Amar”, hablar de amor en un sentido profundo es un tema complejo que nos lleva a concluir que pocas personas llegan a desarrollar esa capacidad que requiere de fe, disciplina, madurez, generosidad; sin embargo, en la sociedad contemporánea, podemos decir que una amplia mayoría coincide en que el amor (en cualquiera de sus formas), es el sentido de la vida. Pregunté a Amelia, entonces ¿Cuál sería para la cosmovisión mixteca, el sentido de la vida? “Es una pregunta interesante, porque para nosotros sería el amor a la naturaleza y al trabajo como tal, lo único importante es producir, trabajar la tierra”, respondió.

Tal vez de manera más acentuada en la mixteca, pero lo cierto es que en otros contextos y latitudes, los seres humanos nos hemos enredado tanto en la inercia de la supervivencia, que hemos dejado de lado el sentido humano, postergando el desarrollo de un amor maduro que nazca de la abundancia, y no desde carencias afectivas. Le hemos dado prioridad al intelecto y a la productividad y nos hemos olvidado que somos seres integrales en quienes las emociones juegan un papel trascendental, porque o aprendemos a identificarlas y canalizarlas, o corremos el riesgo en que se conviertan en violencia.

Sin duda es una tesis muy interesante que nos ayudará a fortalecer la forma en la que tratamos el tema de violencia en nuestros pueblos y comunidades. En los próximos meses Amelia, Selene y su equipo; continuaran investigando y estaremos atentas a sus resultados. A unos días de conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, les invito a hacer una pausa para observar ¿qué tan fortalecidos están los lazos afectivos en nuestro entorno? Y a partir de ello, ponerles más atención y cuidado.

giovanni