ANA VÁSQUEZ

Ver Perfil

Mujeres, Trabajadoras y Madres

Cuando hablamos de empoderamiento económico de las mujeres, hay subtemas que aún permanecen invisibilizados. Desde luego que se ha avanzado en cuanto al derecho al acceso laboral; también se ha sensibilizado con más insistencia el tema de la igualdad salarial y la falta de igualdad de oportunidades de ascenso o programas de apoyo productivo. Sin embargo, poco se habla de la conciliación entre la vida familiar y laboral que enfrentamos las mujeres que somos madres, lo que la filósofa Silvia Federecci ha conceptualizado como “la conciliación entre la función productiva y reproductiva de las mujeres”.

Esto viene a colación a partir de un reciente evento de discriminación que tuvo lugar en la Cámara de Diputados cuando la Senadora Martha Márquez subió a Tribuna cargando en brazos a su bebé de tan sólo dos meses. Al excederse de su tiempo límite, en vez de que se le señalara esto, el diputado presidente de la mesa directiva, Porfirio Muñoz Ledo, sentenció con un: “hay un límite de tolerancia materno infantil”.

Una frase sumamente representativa de un sistema patriarcal y de unas condiciones laborales que no han sido favorables a la conciliación con la maternidad, porque situaciones similares las hemos experimentado en algún momento todas las madres trabajadoras: “No se permite traer niños al trabajo”, “el horario es tiempo completo”; “sus niños dan mucha guerra”; “tiene que venir el fin de semana”; “no me importa que esté enfermo, usted tiene que venir”; “tiene que venir el fin de semana”; “como es mamá, siempre se está saliendo por sus hijos a la escuela”; “Su CV es bueno, pero ¿si tiene quien le cuide a sus hijos para este trabajo?.

Por eso es tan poderosa la imagen de una legisladora, independientemente de su partido, cargando a su bebé lactante en la máxima Tribuna de la Nación, en una sesión que ya se había extendido. Qué pena que un acto espontáneo y aparentemente normal para las madres, haya generado una reacción tan misógina, tan real, y tan cotidiana en la vida de tantas mexicanas.

En su obra, Silvia Federecci expone que “el trabajo reproductivo y el cuerpo de las mujeres en sí mismo es la primera fuente de riqueza porque reproducen el resto de fuerzas de trabajo. Sin él, no hay otras formas de producción, y por esto existen estas formas de opresión sobre las mujeres porque el ataque a las mujeres es un ataque a la cohesión de la comunidad y a la reproducción social”.

Por eso es tan importante generar una nueva cultura laboral e institucional que no sólo valore la participación económica de las madres, sino que brinde las condiciones para que su vida laboral contemple sus derechos y los de sus hijas e hijos sin culpas, sin conflicto y sin represalias.

Por supuesto que todo lo dicho incluye a aquellos padres que también enfrentan dificultades laborales al involucrarse en los cuidados de sus hijas e hijos. Ojalá que el episodio Márquez-Muñoz Ledo, contribuya a sensibilizar al empresariado, funcionariado público, empleadoras, empleadores, colegas, y a las propias madres y padres para la reivindicación de su maternidad/paternidad responsable, que lejos de ser vista como una vergüenza, sea valorada como una función social de la mayor importancia.

No olvidemos que México se encuentra adherido a la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés), en la que se insta a que los Estados Partes garanticen “el derecho a la protección de la salud y a la seguridad en las condiciones de trabajo, incluso la salvaguardia de la función de reproducción”. Por ello, finalmente, es necesario que todas las mujeres, con nuestras voces unidas, exijamos al Congreso de la Paridad, así como a los Congresos locales, reforzar el marco jurídico para que ninguna mujer sufra discriminación por el simple hecho de ser madre y trabajadora.

Ana