ANA VÁSQUEZ

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A propósito del Día de la Educación

El 24 de enero conmemoramos el primer Día Internacional de la Educación, un tema crucial para el empoderamiento de niñas y mujeres, para la erradicación de la violencia de género contra ellas, y en definitiva, nuestra mejor  oportunidad para generar la cultura de igualdad que anhelamos.

Decía el actual Secretario General de la ONU, Antonio Gutérres,  que siendo maestro en los barrios marginales de Lisboa, fue cuando entendió que la educación es un motor de erradicación de la pobreza y una fuerza de paz.

La resolución de conmemorar esta fecha surge ante la necesidad de concientizar a la población mundial sobre los enormes desafíos que persisten en la materia. De acuerdo a la UNESCO: Sólo un niño (a) de cada 11 no asiste a la escuela, pero en su totalidad, son 262 millones de niñas, niños y adolescentes que no están escolarizados. Lo que es peor, 750 millones mayores de 15 años no saben leer ni escribir.  Son datos paradójicos en un mundo globalizado con avances tecnológicos tan sorprendentes, pero que aún presenta retos para hacer frente  a la crisis mundial del aprendizaje.

Aunado a ello, la OCDE señala que una de las brechas de género más destacables en escuelas son los prejuicios que inhiben a niñas y a jóvenes a elegir carreras técnicas y científicas. Sin embargo, esta situación no sólo ocurre en nuestro país. Según el Banco Mundial (2010), el porcentaje de participación de mujeres en carreras como Ingenierías y Construcción en México es del 28%, en Estados Unidos del 19% e incluso en Francia del 23%.

Según datos del INEGI para el período 2005-2015, en Oaxaca el promedio de años de escolaridad de la población de 15 años y más es de 7.5, lo que equivale a poco más de primer año de secundaria, mientras que la media nacional es de 9.2 años. Además, el estado tiene una población analfabeta del 13%, de los cuales el 65% son mujeres. Paradójicamente, de acuerdo a la Dirección General de Población de Oaxaca (DIGEPO), son las niñas y adolescentes matriculadas quienes registran mayor asistencia escolar.

Más allá de estas cifras generales, en Oaxaca enfrentamos dos grandes retos en materia de educación inclusiva para todas y todos. El primero es el  embarazo adolescente. México es el país de la OCDE con la tasa más elevada, Oaxaca ocupa el tercer sitio a nivel nacional. El embarazo adolescente y aún más el infantil, ancla a las mujeres a ciclos de pobreza y de violencia, justamente porque trunca su desarrollo y su proyecto de vida.

Se le considera un problema de salud pública, ya que afecta la salud de las jóvenes mujeres y la de sus hijos/hijas; es un problema educativo también, porque provoca deserción o bajo rendimiento; y es económico porque posibilita la mano de obra barata y condiciona los ingresos futuros, reduce el acceso a oportunidades laborales especializadas y de calidad y el desarrollo humano sustentable.

El segundo reto que las mujeres y niñas enfrentan en materia educativa es el acoso y hostigamiento en centros de educación. De acuerdo a la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, mientras a nivel nacional 25%  de mujeres que han asistido a la escuela enfrentaron violencia por parte de compañeras, compañeros o maestros, en Oaxaca el promedio se eleva al 28%, alcanzando esta problemática el 5º lugar a nivel nacional. Las agresiones más frecuentes fueron las físicas y sexuales, lo que representa otro motivo de deserción para ellas.

Desde la Secretaría de las Mujeres de Oaxaca, estamos colaborando estrechamente con el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca por que el Objetivo del Desarrollo Sostenible número 4 de la ONU, Educación de Calidad, y el número 5, sea una realidad para todas y todos, y más aún, que sean la base de estrategia más efectiva para consolidar una sociedad en paz e igualdad.

giovanni