ANA VÁSQUEZ

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Las trampas de la belleza patriarcal

Hace un par de semanas, la ciudadanía oaxaqueña lamentó la muerte de una joven de 22 años quien perdió la vida tras una cirugía estética. No mencionaré su nombre por respeto a sus familiares y amigos. Sin embargo, les confieso que la noticia, además de tristeza, provocó en mi una serie de reflexiones que hoy quiero compartir con ustedes.

La joven estudiaba derecho y trabajaba como modelo. Al ver su fotografía lo único que pude pensar, es ¿porqué una chava tan joven, guapa y llena de oportunidades se sometería a una lipoescultura a sus 22 años? ¡No lo necesitaba! ¿Qué las mueve a ella y a las miles de mexicanas que año con año se someten a este tipo de cirugías que además de costosas, ponen en riesgo su vida y su salud?.

De acuerdo a datos de la UNAM, México ocupa el tercer lugar en cirugías plásticas, sólo antecedido por Estados Unidos y Brasil. En 2017 se realizaron casi un millón de procedimientos estéticos en nuestro país. Sin lugar a dudas es una industria en crecimiento, donde el avance de la ciencia médica también ha vuelto más accesible y confiables los procedimientos. Sin embargo, debemos tener claro que toda cirugía conlleva riesgos, por más profesionales que sean las manos y el equipo médico, y es ahí donde es preciso preguntarnos ¿porqué, como sociedad, las mujeres estamos sometidas a la presión de arriesgar nuesras vidas con tal de “vernos más jóvenes y bellas”?

Pese a que la liposucción se encuentra dentro de las intervenciones cosméticas más realizadas en el mundo, de acuerdo a la International Society of Aesthetic Plastic Surgery (ISAPS), es donde se registran más fallecimientos, principalmente por embolismo pulmonar.

Para mí es claro que el móvil es alcanzar el modelo de “belleza” basado en estereotipos que, de acuerdo a cada época, les ha sido impuesto a las mujeres por un sistema patriarcal que nos adjudica el valor de una objeto decorativo. Por ejemplo, si bien el pintor Rubens nos dejó claro que en el barroco las mujeres debían ser “rollizas” para ser consideradas hermosas, en el siglo XVIII las cortes europeas establecieron el uso de los corsés a partir de los 12 o 13 años para estrechar al máximo la cintura y realzar busto y caderas, sin importar la incomodidad, lesiones o incluso los desmayos y deformaciones en los órganos que éste pudiera ocasionar.

Ya en el siglo XX, durante los años 50 y 60, la valoración de la mujer impuesta por el patriarcado, exigía de ellas voluptuosidad, sumisión y candidez al estilo de Marilyn Monroe; en los años 70 y 80 la exigencia se adelgaza y estiliza, para en los noventas y principios del siglo XXI someter a las mujeres a un estándar casi imposible de lograr naturalmente: extremada delgadez, con senos y glúteos grandes, firmes e imposiblmente redondeados.

La presión social para encajar en el estereotipo ha sido tal, que ha hecho que la mayoría de las mujeres sientan vergüenza de su anatomía, que se sientan culpables por disfrutar de la comida, fuera del alcance de las oportunidades y obligadas a cualquier costo, a transformar su rostro y su cuerpo. Pero esta exigencia patriarcal es aún más grave cuando hay pacientes que se someten dos o tres veces a una rinoplastia o a una lipoescultura, porque esto muestra la profunda insatisfacción que el modelo patriarcal constantemente nos refuerza y repite en casi cada anuncio publicitario, en cada programa de televisión, con mujeres-maniquíes contratadas como objetos o cosas.

Muchas vidas se han perdido a causa de esa insatisfacción, a causa de ese ideal de “perfección” que como sociedad nos daña y enferma. Pero no debemos perder la lección que nos dejan casos como el comentado líneas arriba: hay que conocer la historia para comprender el presente, somos producto de un sistema desigual que ha negado los derechos de las mujeres para cosificar su cuerpo, pero también somos responsables de romper con esa inercia y porporcionar a las mujeres la libertad de decidir sobre su cuerpo, sobre como quieren lucir, vestir y estar en el mundo. Al final, todo esto es un tema que nos hace reflexionar sobre los Derechos Humanos de las mujeres y de su libertad.

Ana