ANA VÁSQUEZ

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¿Cómo vamos, en términos de igualdad?

En ediciones anteriores ya hemos hablado de las brechas de desigualdad de género, que llanamente podemos entender como las distancias que el sistema patriarcal y las políticas públicas sin perspectiva de género han creado y que dificultan el ejercicio igualitario de derechos a las niñas y mujeres, en los ámbitos social, político y económico, tanto en lo privado como en lo público.

Sin embargo, es importante reconocer los avances: hoy la sociedad es mucho más consciente de esas desigualdades estructurales que inhiben el desarrollo de las mujeres, y el tema es prioridad en la agenda internacional y nacional. Pero también es cierto que no hay un consenso sobre cuánto tardarán en cerrarse las brechas de género. Por ejemplo, en el último reporte del World Economic Forum (WEF, 2018) se dice que las brechas de género tardarán aproximadamente 108 años en cerrarse, mientras que la ONU apunta que será en 80 años. De cualquier forma el panorama no es para nada satisfactorio pues la distancia es transgeneracional.

Por cierto, el WEF 2018 ubica a México en el puesto 50 del Índice de Brecha Global de Género, lo que muestra una reducción significativa con respecto a otros años en que se ubicaba en el lugar 81. Es una razón, más que para contentarnos, para acelerar el paso tomando el ejemplo de países como Islandia, la nación más igualitaria entre hombres y mujeres por noveno año consecutivo.

De acuerdo al mismo informe, las mayores disparidades a nivel global son: participación política, con una brecha actual del 77,1% (la de Oaxaca es 72.2% en municipios); y en segundo lugar, oportunidades económicas con un 41.9%, reduciéndose ligeramente desde el año pasado.

Me detengo en el segundo rubro a propósito de la reciente conmemoración del Día del Trabajo. La participación económica de las mujeres en el trabajo, aunque en acceso ha mejorado, en las condiciones laborales persiste un modelo patriarcal que, en la realidad de las mujeres, se traduce en tener que combinar los responsabilidades domésticas con la inserción en el mercado laboral, lidiar con techos de cristal, y una segmentación a rubros de baja remuneración. De hecho, actualmente en el mundo, 78% de las mujeres trabajadoras se encuentran en dichos rubros.

En nuestro país, las mexicanas representamos un 43% de la fuerza laboral, pero ganamos menos. Durante 2016 las mexicanas percibieron una quinta parte menos de lo percibido por sus pares varones, aun teniendo el mismo nivel educativo. Además, las mujeres destinan más del 70% de sus ganancias a la comunidad y a su familia, mientras que los hombres gastan más para sí mismos. Esas dos, son situaciones que dificultan el empoderamiento económico de las mujeres, pese a tener un empleo.

En la conmemoración de este año, el reclamo más sentido del feminismo fue la conciliación de la vida laboral y familiar de las personas, para un reparto equitativo de tareas, y para que quienes sean madres no tengan que renunciar a su carrera profesional, ni partirse en mil pedazos para cumplir con todo a costa de su salud y bienestar.

Si bien el camino que nos espera se vislumbra largo, recordemos que cada acción a favor de la igualdad laboral implementada por cada centro de trabajo, cada sensibilización para promover ambientes laborales de respeto y libres de violencia, cada familia repartiendo tareas de manera más equitativa, hacen la diferencia y nos acerca al anhelado horizonte de la igualdad.

Ana