ANA VÁSQUEZ

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Feminización de la migración

El pasado 20 de junio se conmemoró el Día Mundial de las Personas Refugiadas, un tema en boga a la luz del crecimiento de los flujos migratorios en el mundo hacia fronteras internacionales cada vez más endurecidas. Al respecto, el suplemento mensual TODAS publicado por el INMUJERES en el diario Milenio, compiló reflexiones y puntos de análisis sobre la situación de niñas y mujeres migrantes y refugiadas, que vale la pena retomar en un momento en el que la migración en nuestro país cobra mayor relevancia.  

Nuestro país tiene una larga tradición migrante como país expulsor, destino y de paso, que en los últimos años se ha agravado dadas las condiciones de violencia y miseria que laceran zonas de nuestro país y a países vecinos como Honduras, Guatemala y El Salvador, principalmente.

De acuerdo a Ana Mercedes Sainz, Directora General de Sin Fronteras,  en las últimas dos décadas se han observado dos aspectos: 1) el flujo migratorio de niños, niñas y mujeres ha aumentado, cercano al de hombres; 2) el principal móvil de la migración ha dejado de ser meramente aspiracional, es decir, en la búsqueda de una vida mejor, sino que ahora migrar se convierte en la última salida para conservar la integridad y la vida.

Refiere Mercedes Sainz que de los 258 millones de migrantes internacionales en 2017, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) calcula que 68.5 millones de personas fueron expulsadas de su hogar.

Entre los principales motivos de las mujeres para migrar se encuentran: la violencia familiar, amenaza de ser víctima de trata de personas o de “crímenes de honor”; cada uno representa persecución por motivos de género.

Las mujeres migrantes han influido en la construcción de las comunidades migrantes en Estados Unidos tendiendo redes de apoyo para los recién llegados y favoreciendo al establecimiento de familias enteras. Sin embargo hoy en día, la dureza de las políticas migratorias, los peligros inherentes al cruce de la frontera, así como el recrudecimiento de grupos criminales ponen en riesgo la vida y los derechos más fundamentales de todas y todos los migrantes, pero en especial de los niñas, niños y mujeres, que realmente no saben a lo que se van a  enfrentar.

Por poner un ejemplo, se calcula que 7 de cada 10 mujeres, niñas y jóvenes migrantes son abusadas sexualmente durante su paso por México, además de ser presa fácil de explotación laboral. Margarita Bonilla Portas, Oficial de Protección de ACNUR México, menciona que entre las jóvenes ahora se aconsejan cortarse el cabello, usar ropa holgada y ser muy callada, para pasar desapercibidas.

Además de la situación de las mujeres migrantes, en Oaxaca  nos preocupa ocupar uno de los primeros lugares en migración y en deportación infantil, niñas y niños entre los 7 y 17 años, principalmente originarios de la Mixteca, los Valles Centrales y de la Sierra Sur, según datos del  Instituto Oaxaqueño de Atención al Migrante.

Un tema  que necesitamos  analizar, repensar y abordar con perspectiva de género para encontrar soluciones en el irrestricto respeto a los derechos humanos para las migrantes centroamericanas que cruzan nuestra frontera, con la misma humanidad con la que queremos que traten a las niñas y mujeres mexicanas que también emigran.

Ana