ANA VÁSQUEZ

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NO a los concursos de belleza infantil


Se conoce como patriarcado de consentimiento aquella dinámica social donde no se castiga a las mujeres que no cumplen con su rol de género, pero que en caso de atreverse a ser diferentes se enfrentan al rechazo social, e incluso a la estigmatización. Desde esta visión, la belleza física ha sido el atributo más definitorio del “valor” de las mujeres, por lo que resulta contradictorio -por decir lo menos- que en pleno siglo XXI, cuando uno de nuestros principales objetivos globales es alcanzar la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres, se sigan realizando concursos de belleza que además de promover la cosificación sexual de las mujeres, reafirman los estereotipos generadores de violencia y discriminación.
En el caso de este tipo de certámenes dirigidos a personas adultas, aunque el tema es debatible son las concursantes quienes finalmente pueden informarse de sus implicaciones y tomar sus propias decisiones. Sin embargo, el tema es más delicado cuando se convoca a niñas y adolescentes que no tienen plena consciencia de la situación de vulnerabilidad a la que se exponen.
Por ello, la postura gubernamental y social debe ser de absoluto rechazo porque se vulneran los derechos humanos, la dignidad y la seguridad de las participantes, más aun tomando en cuenta el contexto nacional de alta incidencia en delitos como la pedofilia, el consumo de pornografía infantil, y la trata de niñas y niños.
Estados Unidos es el país que realiza mayor cantidad de certámenes infantiles, un negocio redituable cuya ganancia anual se calcula en cinco mil millones de dólares, y donde lo común es ver a niñas desde los 2 años desfilando en traje de baño, con maquillaje, uñas postizas, poses forzadas e hipersexualizadas. En el vecino país, la controversia surgió a partir del caso de la “miss infantil” Jon Benet Ramsey, asesinada y violada en 1996, aunque todavía no se toma ninguna medida al respecto.
En países como Argentina, Bolivia y Colombia, hay ciudades que ya han legislado para prohibir este tipo de concursos. El caso emblemático se dio en el municipio de Barbosa, Colombia, donde en 2015 se logró la cancelación del concurso “Miss Tanguita”. Asimismo, la ciudad de Viedma en Argentina, en 2016 suspendió la elección de “reinas de belleza” menores de edad; y finalmente el año pasado el Concejo Municipal de La Paz, los prohibió.
En 2017, el estado de Hidalgo sentó un precedente importante cuando mediante una acción intergubernamental se logró detener la realización de “Mini Belleza Latina”; después de la cancelación, la Comisión de Derechos Humanos de la entidad inició una investigación por oficio para descartar que se tratara de una red relacionada con trata de personas.
Desde la Secretaría de las Mujeres de Oaxaca, exhortamos al empresariado oaxaqueño a no promover este tipo de eventos que contravienen a leyes y tratados internacionales en materia de derechos de la niñez. Asimismo, hacemos un llamado a madres y padres de familia a no fomentar conductas estereotipadas en sus hijas, a evitar su hipersexualización y a no exponerlas a espacios y eventos que puedan servir para vulnerar su intimidad y su seguridad. No es necesario, no hay nada por demostrar, porque claramente en cada niña la belleza es tan natural como en el agua la claridad.

Ana