ANA VÁSQUEZ

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La Guelaguetza en tiempos de la Igualdad

 

Les escribo todavía con sabor a Guelaguetza, ya viene la octava pero nuestro estado está en plena fiesta. Nuestras calles, llenas de visitantes nacionales y extranjeros, así como de una vasta agenda cultural, confirman que tenemos la fortuna de ser anfitriones de la máxima fiesta intercultural de Latinoamérica. Una fiesta donde las mujeres siempre hemos sido protagonistas en los bailes y como portadoras de los majestuosos trajes, aunque también en algunos casos estereotipadas.

En la Guelaguetza se visibiliza (aunque poéticamenta), piezas clave de la enorme diversidad oaxaqueña y los contextos que confluyen en nuestro estado, de ese componente intercultural que no podemos ni queremos soslayar en aras de promover la igualdad sustantiva, una igualdad en la que quepan las diferentes realidades.

En Oaxaca, sabemos que los pueblos originarios y las poblaciones afrodescendientes presentan una gran paradoja: por una parte, representan mucha de la riqueza cultural de nuestro estado, y por otra, todavía presentan altos niveles de pobreza y marginación social. En el caso de las mujeres  que los habitan, ellas se enfrentan a dos barreras: la desigualdad de género en sus propias comunidades y la invisibilidad y discriminación dentro de sus culturas. 

El feminismo en México y en América Latina, desde hace varias décadas ha buscado visibilizar estas desigualdades y luchar por asentar agendas políticas que pauten el replanteamiento de los sistemas normativos internos en condiciones de igualdad para mujeres y hombres. 

Por eso me pareció un acierto que Yalitza Aparicio fuera la imagen de la Guelaguetza 2019, pues sin duda es una mujer que orgullosamente representa sus raíces mixtecas, rompiendo estereotipos raciales y de género en el mundo del cine. Como ella, tenemos otros tantos ejemplos de mujeres poderosas que están rompiendo con patrones socioculturales discriminatorios, como es el caso de la soprano María Reyna, de la actriz Mayra Sérbulo, y de las poetizas Nadia López e Irma Pineda, quien además actualmente funge como representante de los pueblos indígenas ante la ONU.

Estos ejemplos, aunado al activismo feminista y  a un marco de derechos humanos que promueve fehacientemente la igualdad entre mujeres y hombres,  presenta la oportunidad (o el reto) de que la Guelaguetza también proyecte este cambio sociocultural y se dejen atrás costumbres que promuevan estereotipos y roles de género, generadores de violencia y desigualdad, como la presentación del Son de la Virginidad ocurrido el primer lunes del cerro por la delegación de Chicapa de Castro.

Ninguna mujer debe tener la obligación de mostrar su pureza públicamente, ninguna mujer debe considerarse “contenta por haber cumplido con su misión” de ser virgen, como lo plasmó esa representación.  Además, desde un enfoque de derechos humanos, está completamente fuera de lugar invadir privacidad de las mujeres (aunque sea de forma representativa) en el ejercicio de sus derechos reproductivos y sexuales. Ningún rapto debe ser representado como un “uso y costumbre” aceptado.

En fin, estoy segura que se tomarán cartas en el asunto con el Comité de Autenticidad, y que se trabajará por una armoniosa conciliación entre la preservación de la autenticidad de la fiesta y el irrestricto respeto a la dignidad de las mujeres y su derecho a vivir sin violencias, incluso simbólicas. Sigamos disfrutando y llenándonos de las vibraciones de estos días de fiesta, pues aunque cada año sea lo mismo, nunca es igual y siempre alimentan al espíritu.

Ana