ANA VÁSQUEZ

Ver Perfil

Breve panorama de las jóvenes en México

 

A principios de agosto se celebra el Día Internacional de la Juventud, una fecha que pone sobre la mesa los  retos que enfrenta este sector poblacional, así como las acciones necesarias para lograr su máximo desarrollo. De acuerdo a la ONU, actualmente hay más jóvenes en el mundo que nunca antes (se calculan mil 800 millones), lo que presenta grandes desafíos pero también la oportunidad de detonar junto con ellas y ellos los cambios que queremos ver en el mundo, entre los más importantes alcanzar la igualdad sustantiva y relaciones humanas libres de violencia. Pero para que eso ocurra, es necesario visibilizar y terminar con las brechas de desigualdad que enfrentan las jóvenes.

Lamentablemente, las cifras indican que las niñas y adolescentes mujeres, son la población más vulnerable en México. De acuerdo a la Red por los Derechos de la Infancia, durante el sexenio pasado desaparecieron 4 mil 980 menores y adolescentes, de los cuales el 61% fueron mujeres. Un fenómeno relacionado con delitos tales como: trata de personas, violencia y explotación sexual y tráfico de niñas y niños.

Esta es una de las razones por la cual este año México se encuentra entre los 20 peores países para ser mujer, de acuerdo al US News & World Report de 2019.

En términos de oportunidades, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) calcula que en México el número de las mal llamadas “ninis” mujeres, supera cuatro veces al de los hombres. Esto se explica porque desde muy jóvenes las responsabilizan de tareas de cuidados, en su mayoría al convertirse en madres, dejando la escuela y no ingresando al mercado laboral, lo que no solo las condena a la pobreza, sino a una situación de dependencia, un factor que las pone en mayor riesgo de sufrir violencia de género.

Además, como país perdemos el capital social que ellas podrían representar, de ahí la importancia de las guarderías y estancias infantiles, así como de programas educativos  que les permitan continuar con sus estudios.

Por último, si bien la educación es un factor decisivo en la vida de las personas, se observa que hoy son más las mujeres (52%) que los hombres (48%) que están concluyendo sus estudios de nivel medio superior; así como una licenciatura, alcanzando las mujeres 5% más que los hombres; sin embargo esto NO ha repercutido en la repartición del ingreso, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) el 3.7% de los hombres recibe más de 5 salarios mínimos, frente al 2.3% de las mujeres.

El 78.7% de las mujeres de 15 a 29 años de edad son trabajadoras subordinadas, mientras que únicamente 0.6% de las mujeres ocupan posiciones como empleadoras, en comparación con los hombres que alcanzan un 1.7% como empleadores. Esta realidad ilustra la urgencia de derribar los estereotipos de género, y de promover políticas laborales con perspectiva de género al interior de las empresas y del sector público.

En una publicación de El Colegio de México, “Mujeres jóvenes en México. De la casa a la escuela, del trabajo a los quehaceres del hogar”, las investigadoras Florinda Riquer y Ana María Tepichín, cuestionan: ¿Tienen las mexicanas juventud? Considerando el número de jóvenes cuyo alcance educativo sólo les permite acceder a empleos precarios, y en los muchos casos que a edades tempranas, entre los 15 y los 19 años, las jóvenes adquieren responsabilidades “adultas” al unirse en pareja y/o tener hijos e hijas.

Una reflexión muy dura que nos obliga a fortalecer los esfuerzos de prevención del embarazo adolescente, de difusión de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, así como defender la potestad sobre su cuerpo y el derecho a decidir. Las jóvenes no pueden seguir asumiendo solas la faceta reproductiva de la sociedad. Las jóvenes no pueden seguir siendo las víctimas mayoritarias de la violencia.

Ante este panorama, vemos cómo mujeres y hombres viven de distinta forma su juventud, y que entre menos es el nivel socioeconómico, las desventajas se agudizan en ellas. En cuanto a políticas públicas que atiendan esta problemática hay mucho por hacer. De hecho debe ser una prioridad emparejar el piso de oportunidades para ambos sexos, que debe atenderse desde todos los despachos, pero como sociedad también tenemos una gran labor al interior de las familias, en la formación y valores que se inculcan en la casa. Eduquemos mujeres fuertes y seguras, que sueñen y se atrevan a  luchar por sus metas, que puedan apropiarse de su cuerpo y su sexualidad sin violencia, donde la maternidad sea vista como una opción de vida que debe tomarse a su tiempo y en las condiciones adecuadas; eduquemos hombres seguros de sí mismos, capaces de reconocer sus emociones, sexualmente responsables y respetuosos de las capacidades y diferencias del otro sexo, porque ciertamente la juventud es un tesoro que tanto ellas, como ellos, tienen derecho a disfrutar.

Ana