ANA VÁSQUEZ

Ver Perfil

Detrás de Mireles, la resistencia patriarcal

 

Desde inicios del siglo XXI, el avance de las mujeres que el movimiento feminista logró que quedara sustentado en instrumentos internacionales como CEDAW y la Plataforma de Acción de Beijing, -ya comentado en ediciones anteriores-, ha sido más tangible:  en los cambios legislativos que los países han realizado, en una mayor representación legislativa, en la instauración de mecanismos gubernamentales como las instancias nacional, estatales y municipales de las mujeres, así como campañas más intensas sobre igualdad de género y prevención de la violencia para desnaturalizarla.

Sabemos también, o al menos lo decimos todos los días, que la afrenta contra la violencia de género debe ser  frontal porque nueve mexicanas mueren todos los días a causa de ello. Esta situación requiere que todas y todos cerremos filas ante cualquier expresión violenta, ya sea verbal, física ó simbólica. Más aun tratándose de funcionariado público.

Por eso resulta tan indignante que en este contexto se den declaraciones tan misóginas y denigrantes como las del Subdelegado del ISSSTE en Michoacán, José Manuel Mireles, quien en días pasados se refirió a las concubinas como “pirujas” y “nalguita”, para menoscabar su derecho a una pensión, fomentando así la discriminación en el acceso a los servicios de atención médica, bajo los principios de igualdad entre mujeres y hombres, inclusión, no discriminación. 

Lamentablemente, no es sólo Mireles a quien sus dichos pueden costarle el cargo. Fue también Paco Ignacio Taibo  cuando dijo “se las metimos doblada”; fue el ex Presidente Fox cuando llamó a las mujeres “lavadoras con patas”. ¿Y cuántos más en público y/o en privado?

En Oaxaca, en semanas pasadas Joel Zamora, enlace municipal de Huajuapan de León ante el Instituto Oaxaqueño de Atención al Migrante, también publicó en su red social comentarios ofensivos contra el movimiento feminista y sus protestas, razón por la cual el municipio lo removió de su cargo.

Más allá de disculpas, remociones y talleres que posteriormente puedan tomar para desarraigar las creencias que fundamentan sus agresiones verbales; lo que salta a la vista es la resistencia de la cultura patriarcal dando patadas de ahogado ante un mundo que está girando hacia la igualdad. 

Aunado a  las estrategias gubernamentales emprendidas intersectorialmente para desnaturalizar la violencia y eliminar los estereotipos de género, creo que es  necesario que los medios de comunicación se involucren más en el cambio social que necesitamos, pues si bien ya muestran historias con mujeres más empoderadas, la cosificación sexual sigue presente, la violencia es constante y los estereotipos y roles de “cómo debe ser una mujer” también. Necesitamos urgentemente cambiar la narrativa y contar otro tipo de historias con protagonistas más cercanas a lo que somos las mujeres hoy y nuestras diversas realidades.

Así pues, cuando hablamos de violencia de género nuestra primera lucha es seguir desenmascarándola en comentarios, chistes y analogías que denigran a las mujeres. Ya no hay cabida para expresiones machistas y patriarcales, y en esta lucha cabemos todas y todos.

Ana