ANA VÁSQUEZ

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Sororidad y derechos políticos de las mexicanas

El pasado 17 de octubre conmemoramos el 66º aniversario del voto femenino en México. Sí, apenas 66. Este año, la celebración cobra especial importancia en el contexto del establecimiento constitucional del principio de paridad, que si bien nos da la pauta legal para que las mujeres accedamo al 50% en puestos de decisión, nos plantea el gran reto de hacerlo realidad, y una de las estrategias que tenemos para conseguirlo es ejercer la sororidad como un estilo de vida. 

La historia de nuestro país constata las batallas que las mexicanas hemos tenido que librar para ganar uno a uno nuestros derechos. Luego de una lucha social como fue la Revolución Mexicana, donde participaron activamente muchas mujeres como soldaderas e incluso como mando de la lucha armada, así como apoyo en las trincheras, cuesta creer que la constitución de 1917 no reconociera aún nuestra ciudadanía plena.

El constituyente de 1917 perdió la gran oportunidad de plantear un marco normativo vanguardista, a la luz de lo hecho otros países como Noruega, Finlandia, Nueva Zelanda, Australia, Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Canadá, Dinamarca, que ya habían reconocido el voto femenino, y otros que estaban en la antesala de reconocerlo. Fue hasta 1923 que el derecho de las yucatecas a votar en elecciones locales se convirtió en ley, pero en todo México, tuvimos que esperar hasta el 17 de octubre de 1953 para hacerlo realidad, convirtiéndonos en uno de los últimos países latinoamericanos en hacerlo.

Lo más grave es que aun actualmente, para muchas mujeres indígenas en nuestro estado, el poder ser escuchadas y votar en sus asambleas comunitarias, sigue siendo una lucha y fuente de discriminación y hasta violencia. Ahora que la paridad es un mandato constitucionalm debemos cuidar la manera en que ésta se establezca en comunidades indígenas. No se trata de imponer, sino de dar oportunidad a quienes quieren participar. Tampoco es cosa de aumentarles la carga del servicio comunitario, sino que el sistema de cargos introduzca la perspectiva de género e interculturalidad y se tome en cuenta y valore el amplio trabajo que ellas ya realizan. 

La violencia política no distingue entre el régimen de partidos políticos y los sistemas normativos internos, y constantemente nos enfrentamos a la distancia que existe entre la paridad de iure y la de facto

Esta realidad debe motivarnos a hacer de la Sororidad, una poderosa estrategia para levantarnos unas a otras, juntas. La antropóloga Marcela Lagarde, nos propone en su ensayo  “Pacto entre Mujeres”, dejar que la sororidad nos conduzca a “relaciones positivas y a la alianza existencial y política entre mujeres, que contribuya a la eliminación de todas las formas de opresión y al empoderamiento vital de cada una”.

Es preciso acompañar los avances legislativos con un gran pacto entre mujeres donde quepamos todas, donde formemos redes de apoyo. No importa qué tan distintos sean nuestros contextos, ciertamente debe existir una voluntad política de género, que nos motive a crear y/o fortalecer redes de apoyo, sin distinciones, para que los derechos sean efectivos para todas. 

La sororidad es una herramienta básica para quienes nos declaramos feministas. Es por eso que paridad y sororidad son una dupla necesaria, incluso el establecimiento de la paridad, es sin duda un logro sororal. Sin distinciones partidistas, la iniciativa impulsada por la Red de Mujeres en Plural, el Colectivo 50+1 y defendida activamente por integrantes de la academia, de la sociedad civil, funcionariado público, medios de comunicación, que unimos nuestras voces a una sola prerrogativa, y sólo así fuimos escuchadas. No hay mejor ejemplo para afirmar que las mujeres juntas vamos más lejos.

Por eso hoy, a 66 años de la instauración del voto femenino, las mexicanas, y en particular las oaxaqueñas, debemos hacer de la sororidad un estilo de vida y reconocernos como pares, asumir nuestro papel como factor de cambio actuando en favor de la plena ciudadanía de cada una, o bien, como lo ha dicho Celia Amorós, debemos estar dispuestas a “hilvanar hilos violeta que marquen nuevas estrategias para que otro mundo sea posible.”

Ana