ANA VÁSQUEZ

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Fiestas decembrinas: resignificar para avanzar

Ana Isabel Vásquez Colmenares

 

Ya estamos a finales de diciembre y con ello, llegó la época más bonita del año en la cual hacemos una pausa para celebrar con familiares y personas cercanas las fiestas navideñas y el fin de año. Desgraciadamente, muchas veces se desperdicia la oportunidad de estrechar vínculos y darle un sentido de paz, alegría y reflexión a esta época, empañándola con conductas nocivas, autodestructivas y actitudes estereotipadas.

En el afán de divertirse, es fácil confundir la satisfacción con los excesos, y con esto me refiero al consumo de alcohol, al consumismo e incluso a los excesos en la comida. La realidad es que al excedernos no sólo nos alejamos de la verdadera satisfacción interna, sino que formamos parte de problemas sociales que se agravan con estas fechas.

En cuanto al consumo de alcohol y otras sustancias que desinhiben los comportamientos, mucho se ha hablado de los múltiples efectos colaterales negativos que entrañan. Es tan fácil comprarlas que pensamos que parecería que sus efectos no tienen repercusiones de largo plazo, pero estudios como el realizado por David Nutt, ex asesor de drogas del gobierno británico, sostienen que si las drogas se clasificaran sobre la base del daño real que causan, tanto individualmente como a terceros, el alcohol ocuparía el primer puesto.

Es importante decir que el alcohol es, en efecto, una droga legal y socialmente aceptada y hasta promovida, pero que puede afectar la vida de los consumidores y de quienes les rodean. El referido estudio señala siete categorías de perjuicios a terceros como: violencia y crimen, conflicto familiar, daño al entorno cercano, daño al conjunto de la sociedad, costo económico y deterioro de la cohesión comunitaria.

Así que es tiempo de cambiar conductas estereotipadas como el pensar que para “ser el alma de la fiesta”, hay que emborracharse. O al revés, que quienes no toman son los aburridos y “aguafiestas”, cuando en realidad aguafiestas es aquella persona que debido a sus excesos de la bebida, transforma la fiesta en drama o incluso en tragedia.

Aunado a ello, es bien sabido que la violencia familiar y las agresiones hacia las mujeres aumentan en esta época del año, en muchos casos bajo la influencia del alcohol, pero también hay otras causas como la ansiedad por falta de dinero para cumplir con lo que el consumismo dicta que debe ser una “feliz navidad”, o simplemente porque debido a las vacaciones el agresor pasará más tiempo en casa.

Por otra parte, se calcula que los accidentes viales aumentan hasta en un 40% en esta época decembrina, nuevamente gracias a beber de manera irresponsable, y porque de manera natural las calles están más congestionadas.

Así que en ésta, que será la última navidad de la década, sería bueno replantearnos un cambio de mentalidad. A fin de cuentas, ¿qué es lo que verdaderamente queremos esta navidad? Yo creo que es compartir risas con las amistades, estrechar lazos con quienes amamos, comer rico, encender en el corazón esperanzas y confianza en el porvenir, y ¿porqué no? Replantearnos metas que nos ayuden a mejorar nuestras vidas, una de ellas debería ser sembrar paz dentro y fuera de nuestras casas. ¡Les deseo que pasen unas felices fiestas!

Ana